Tu truco para el cabello!

Nutrientes para el cabello

Categoría: Nutrición

Hierro: su déficit suele ser la causa de cabellos frágiles y debilitados, caída del cabello y la aparición de manchas blancas diseminadas por las uñas. Además, la piel, las mucosas y las uñas están pálidas por la disminución de la hemoglobina circulante.

Los alimentos con mayor contenido son: vísceras, carnes, pescados y huevos, levadura de cerveza, frutos secos y desecados, cereales integrales, legumbres y verduras de hoja verde.

En los alimentos de origen vegetal se encuentra en su forma química no hemo, cuyo aprovechamiento por el organismo es muy bajo.

La vitamina C aumenta la absorción de hierro, y es abundante en los cítricos (naranja, mandarina, limón, pomelo), kiwi y otras frutas exóticas, fresas, melón, tomates y pimientos.

Azufre: es indispensable en la síntesis de queratina y tiene también ejerce una acción antiseborreica. Abunda en: huevos, leche y derivados, cereales integrales, levadura de cerveza.

Yodo: participa activamente en la resistencia y crecimiento del cabello y uñas. Se encuentra en todos los pescados y mariscos, lácteos y en menor proporción en frutas y verduras (brécol, zanahorias, espinacas, espárragos, ajo, cebolla, etc.).

Magnesio: es muy eficaz en cabellos frágiles y en el tratamiento de la calvicie prematura. Los alimentos que más contienen son: frutos secos (almendras, nueces, avellanas...) y desecados (orejones de albaricoque, higos secos, ciruelas y uvas pasas...), cereales integrales, verduras de hoja verde, salvado y germen de trigo, levadura de cerveza, aguacate.

Calcio: proporciona una buena consistencia al cabello. Las fuentes por excelencia de este mineral son: leche y derivados, aguas ricas en calcio, pescados de los que se come la espina. En los frutos secos y desecados, las legumbres y ciertas verduras también es abundante, sin embargo, su aprovechamiento por parte del organismo no es tan eficaz

Asimismo, un aporte insuficiente de ciertas vitaminas y de ácidos grasos esenciales son la principal causa de anomalías en el bulbo y la caída de los cabellos.

Vitamina B2 o riboflavina: tiene una acción anticaída del cabello y actúa contra la seborrea. Los alimentos en los que abunda son: leche y derivados (yogur, queso...), huevos, carnes, pescados, hígado, legumbres y frutos secos (almendras, nueces...).

Vitamina B3 o niacina: participa en la síntesis de la queratina. Se encuentra en: carnes, pescados, vísceras y cereales integrales y frutas desecadas (melocotón, orejones, higos, dátiles, etc).

Vitamina B5 o ácido pantoténico: esta vitamina desempeña un papel destacado en el crecimiento del cabello y en la salud de la piel y las uñas. Los suplementos de esta vitamina, siempre bajo prescripción facultativa, está indicada para el tratamiento de la seborrea y la caída del pelo. Las fuentes dietéticas por excelencia son: vísceras (hígado, riñones...), levaduras de cerveza, cereales integrales, verduras frescas y leche.

Vitamina B6 o piridoxina: Es indispensable para el metabolismo correcto del zinc, mineral que forma parte de piel, cabello y uñas. Está muy distribuida por todos los alimentos: alimentos frescos en general; pescados azules, carnes, huevos, frutos secos, cereales integrales, plátano, espinacas, levadura de cerveza, germen de trigo.

Vitamina A: su déficit se refleja en mayor medida en la piel; ésta se queda seca y rugosa como consecuencia del déficit en la secreción en las glándulas sudoríparas y sebáceas. Alimentos ricos en esta vitamina son los lácteos enteros, quesos, mantequilla, yema de huevo. Los vegetales de color amarillo, anaranjado o rojizo como calabaza, melocotón, albaricoque, mandarinas, naranja..., son fuente de beta-caroteno, una sustancia que se transforma en vitamina A a medida que éste la necesita.

Ácidos grasos esenciales (linoleico y linolénico): El aporte insuficiente de estos elementos esenciales, que el organismo no puede sintetizar y los debe suplir a través de la alimentación, se relaciona con la caída mantenida del cabello y provoca un desecamiento de la piel. Los alimentos más abundantes son: pescados azules (salmón, trucha, sardinas...) a consumir al menos 3 veces por semana, frutos secos, aceite de semillas (girasol, maíz, soja...), semillas de sésamo.